domingo, diciembre 16, 2012

ELPRINCIPITO

CAPITULO XVII

Poco después el Principito encontró un animal desconocido.
- Buenos días - dijo el zorro.
- Buenos días - respondió cortésmente el Principito, y se dio vuelta pero no vio nada.
- Estoy acá -dijo la voz-, debajo del manzano...
- ¿Quién eres? - preguntó el Principito - Eres muy simpático.
- Soy un zorro - contestó.
- Ven a jugar conmigo - le propuso el Principito- ¡Estoy muy triste!
- No puedo jugar contigo- le respondió el zorro- No estoy domesticado.
- ¡Ah! Perdón - dijo el Principito. Pero después de reflexionar, agregó:
- ¿Qué significa domesticado?
- No eres de aquí- dijo el zorro - ¿Qué buscas?
- Busco a los hombres - contestó el Principito- ¿Qué significa domesticar?
- Los hombres -dijo el zorro- tienen fusiles y cazan, es muy molesto. También crían gallinas, es lo único buen que hacen... ¿Buscas gallinas?
- No -respondió el Principito-, busco amigos. ¿Qué significa domesticar?
- Es una cosa demasiado olvidada -dijo el zorro- Significa "crear lazos"...
- ¿Crear lazos?
- Sí -dijo el zorro- Para mí no eres todavía más que un niñito parecido a cien mil niñitos, y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas, porque no soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero si me domesticas, tendríamos necesidad el uno del otro, y serías para mí único en el mundo, y yo sería para ti único en ei mundo.
- Empiezo a comprender -dijo el Principito- Tengo una flor... creo que he domesticado...
- Es posible -dijo el zorro- ¡En la Tierra se ve toda clase de cosas!
- No, no es en la Tierra. .El zorro pareció muy intrigado:
- Es en otro planeta?
- Sí
- ¿Y hay cazadores en ese planeta?
- No
- Hum, es interesante eso. ..¿y gallinas?
- No.
- Bueno, no hay nada perfecto - suspiró el zorro
- Pero luego el zorro volvió a su idea:
- Mi vida es monótona. Yo cazo gallinas, los hombres se parecen. Me aburro un poco... pero si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente a todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra... Pero los tuyos, en cambio me llamarán como una música. Y además, mira... ¿ves allá los campos de trigo? Yo no como pan. Para mí el trigo es inútil y los campos de trigo no me recuerdan nada. Es bien triste... Pero tú tienes cabellos de color oro como el trigo y cuando me hayas domesticado ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de ti y amaré el trigo y el viento en el trigo... El zorro calló y miró largo tiempo al Principito.
- ¡Por favor, domestícame!
- Quisiera hacerlo- respondió el Principito-, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos, conocer muchas cosas.
- Sólo se conocen las cosas que se domestican- dijo el zorro- Los hombres ya no tienen tiempo para conocer nada, dedican su vida a vender y comprar cosas, y como comprando y vendiendo cosas no se encuentran amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, domestícame.
- ¿Y qué hay que hacer? - preguntó el Principito.
- Hay que ser muy paciente - respondió el zorro- te sentarás en la hierba. Al principio un poco lejos de
mí. Yo te miraré de reojo pero tú no dirás nada. ..y cada día te irás sentando un poco más cerca... Al día siguiente, el Principito volvió donde el zorro.
- ¿Por qué no viniste a la misma hora que ayer?- dijo el zorro - Si vienes a las cuatros de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres, cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré... A las cuatro estaré impaciente e inquieto. Descubriré el precio de la felicidad. Pero si vienes a cualquier hora nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Los ritos son necesarios...
- ¿Qué es un rito? - preguntó el Principito.
- También es algo demasiado olvidado- dijo el zorro- Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días; una hora, de las otras horas. Entres los cazadores, por ejemplo, hay un rito. El jueves bailan con las muchachas del pueblo. El jueves es así, un día maravilloso.
Puedo pasearme hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo
no tendría vacaciones.
Así el Principito domesticó al zorro, pero cuando se acercó la hora de la partida:
- ¡Ah! Creo que voy a llorar- dijo el zorro.
- Tuya es la culpa - le dijo el Principito - No deseaba hacerte daño, pero quisiste que te domesticara.
- Sí - dijo el zorro.
- Pero vas a llorar.
- Entonces, no has ganado nada.
- Sí, gano - dijo el zorro-, por el color del trigo.
Luego, agregó:
- Anda y mira nuevamente las rosas, comprenderás que la tuya es única en el mundo, y luego volverás
para decirme adiós y yo te diré un secreto.
El Principito fue nuevamente a ver las rosas:
- No son en absoluto parecidas a mi rosa, ustedes no son nada aún- les dijo -, Nadie las ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Son como era mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros, pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Y las rosas se sintieron bien molestas.
- Son bellas, pero están vacías - agregó todavía- No se puede morir por vosotras. Un transeúnte común creerá que mi rosa se les parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, porque es ella la rosa a quien yo regué. Porque es la rosa a quien puse bajo un globo. Porque es la rosa a quien abrigué con el biombo.
Puesto que es la rosa cuyas orugas maté, salvo las dos o tres que se hicieron mariposas. Porque es ella
la rosa a quien escuché quejarse, o alabarse, o aun, algunas veces callarse. Porque ella es mi rosa.
Y después volvió donde el zorro.
- Adiós - dijo. -
- Adiós - dijo el zorro - He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sí no es con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos.
- Lo esencial es invisible a los ojos - repitió el Principito, a fin de acordarse.
- El tiempo que perdiste por tu rosa, es lo que hace que tu rosa sea tan importante para ti.
- El tiempo que perdí por mi rosa...
- Los hombres han olvidado esta verdad- dijo el zorro- Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que hau domesticado. Eres responsable de tu rosa.
- Soy responsable de mi rosa.

miércoles, diciembre 12, 2012

Se hace coaching desde las heridas.

"Amigo, cuéntame sobre tu dolor: hoy tengo deseos de escucharme".
Nemer Ibn El Barud 
  
A veces, en una conversación de coaching ontológico o en otros ámbitos donde nos ponemos en contacto con nosotros mismos, empezamos a descubrir nuestros dolores: nuestras tristezas, angustias, soledades, miedos, frustraciones, desilusiones, resentimiento... Esta experiencia es en sí misma dolorosa. Descubrir, contactar, expresar nuestras propias heridas internas... duele... y también libera.
  
Estamos habituados a evitar el dolor. Si apoyo la mano en una estufa caliente, el dolor hace que rápidamente retire mi mano, y gracias a ésto evito un daño mayor, puedo mantener mi integridad física. En lo psíquico o emocional muchas veces hacemos un movimiento similar: un movimiento que nos lleva a evitar, rechazar, calmar el dolor. Muchas veces huimos del dolor, lo negamos, lo ignoramos. Otras, en cambio, hacemos exactamente lo contrario: nos apegamos a él, lo cuidamos, lo alimentamos, lo mostramos orgullosos, como si fuera nuestro hijo predilecto.
  
Lo que me pregunto hoy, es... ¿Cuántas veces lo escuchamos? Como se escucha a un amigo, que tiene algo importante para decirnos. ¿Cuántas veces nos permitimos morar en nuestros dolores desde la aceptación? Dejándolo que se exprese, sin hacer un solo movimiento de rechazo, huida, apego, justificación...
  
Hay algo especial que sucede desde este lugar. Un lugar en que no me enfrento con mi dolor, no me pongo enfrente, sino al lado, lo reconozco como propio, lo escucho, lo expreso, y... lo suelto. No lo tapo, no lo empujo, no lo niego. Lo dejo libre, lo dejo ser en mí, me dejo ser en él.
  
¿Cuántas veces escuchamos a otra persona desde este lugar? Sin darle vuelta la cara, sin rechazarlo, sin pretender arreglarle el problema, sin aconsejarlo, sin juzgarlo, sin distancias, sin presión, sin exigir. Dejando que su dolor toque nuestro corazón.
  
También hay algo especial que sucede desde este lugar. Y hay un contexto necesario para que esto suceda. Un contexto de cuidado, respeto, confianza, intimidad, contacto, aceptación.
  
Tal vez, para liberarnos del dolor, debamos primero liberar al dolor... ¿Queremos hacerlo?
 
   Pablo Buol
 
"Bienaventurado el que sabe que compartir un dolor es dividirlo y compartir una alegría es multiplicarla."
Facundo Cabral
 
"Nuestras heridas son uno de nuestros más preciados activos cuando se trata de hacer coaching. No se hace coaching desde la perfección. Se hace coaching desde nuestras heridas".
Rafael Echeverría