viernes, octubre 25, 2013

“Aquietarse y callar”

La creación de este mandala refleja claramente para mí la importancia del aquietarse y callar. Parte de la sanación de nuestras heridas requiere aquietar la mente, vaciarla de tanta carga y de tanta basura de pensamientos acumulados

, para dar espacio a nuestra conexión con nuestro Ser. Y por experiencia propia puedo decir que tanto la práctica de la meditación como de la creación de mandalas , que es una meditación activa, puede proporcionarnos ese aquietarse, ese callar interno.

Vivimos de manera acelerada, llenos de torbellinos de pensamientos y de emociones sin integrar. Pareciera que queremos tapar todo, seguir aparentando y no afrontar nuestros asuntos internos pendientes, nuestras sombras y nos llenamos de actividades sin darnos espacios de silencio. Así tarde o temprano terminanos estallando de alguna manera. Mi práctica regular de meditación en las mañanas, así como la creación de mis mandalas han sido en mi vida un apoyo vital para poder seguir caminando. Cuando por alguna razón no he podido hacerlo, o si estoy pasando por proceso internos fuertes, siento una necesidad imperante de recurrir a estas práctica y no saben cuánto bien me hacen, cómo me sostienen, me centran y me llenan de serenidad.

Estas prácticas tienen que ser integrativas, es decir que no cumplan la función de “huída”, moda o escape esotérico, sino que más bien nos ayuden a asentarnos en nuestro cuerpo, a integrar todos nuestros sentimientos y pensamientos para poder así volver al mundo y vivir en el mundo de una manera más auténtica e íntegra.

La rueda en colores verdes de sanación, gira en un movimiento de renovación, de generar y regenerar, movimiento necesario para poder ordenar y purificar el Alma. El desafío humano que todos tenemos de alcanzar la consciencia mediante el proceso de conocer nuestro propio lado oscuro y oculto, se vé reflejado en la cruz. Cruz de color azul en el centro representa para mí el resplandor de la quietud de la consciencia.

La presencia del número cuatro en mi mandala organiza, define y ordena. Mientras vamos sanando, vamos ordenándonos internamente y logrando así más equilibrio y armonía. Al ir transmutando nuestro interno (color violeta) vamos adquiriendo la capacidad de ver las cosas con claridad (color amarillo), llenándonos de energía e impulso para caminar con más determinación en nuestras vidas.
Y es en el silencio interior en donde podemos “mirarnos”, comprendernos, aceptarnos y amarnos. Entrar dentro es entrar en el misterio de uno mismo. Y mientras más vacío esté el canal más rápido podemos re-unirnos con lo Divino que vive y espera por nosotros.

Comparto con ustedes este texto hermosísimo del Padre Vinicio Rueda, sacerdote católico y practicante Zen, de su libro “El sendero del Zen” que conecta muy bien con este tema:
” CALLAR…
Callar es morir a muchos ruidos del Alma.
Callar es entrar en puntillas en el propio corazón.
Callar es esperar suavemente el encuentro con uno mismo.
Callar es aceptarse, aceptar a los demás, como es uno mismo, como son los otros.
Callar es abrir los ojos ante el misterio.
Callar es contemplarlo largamente, sin pestañar.
Callar es inclinar mansamente el corazón ante la sonrisa de los ojos de Dios.
Callar es decir SI con la vida, con la muerte.”

Finalmente les invito a que se regalen sus momentos de silencio y se entreguen a la práctica de la creación de mandalas o cualquier tipo de meditación que les ayude a retornar a su centro, a su Hogar!

sábado, octubre 19, 2013

SESIONES COACHING


Un coach es un facilitador del aprendizaje que acompaña al coachee en su búsqueda de aprendizaje para generar nuevas respuestas en sus retos u objetivos.

El coachee debe asumir que el poder está en sus manos. En la mayoría de ocasiones nos encontramos con coachees que no confían en sus posibilidades o que simplemente se encuentran atenazados por el día a día. Hacerles conscientes del poder de sus acciones es primordial para un buen desarrollo del proceso de coaching.

La figura del coach se interesa por el modo particular de ser de las personas, no las valora, ni califica, ni juzga. Enfoca su estrategia desde lo ontológico y lo transformacional, (ayuda al cambio, pregunta, se interesa por el ¿qué quieres ser? Cuándo, dónde y como, se interesa por el futuro, por las expectativas.)

Si cambiamos nuestra manera de observar nuestro alrededor, cambiaremos nuestra manera de actuar con lo que obtendremos resultados diferentes. Por eso el coach debe ayudar a aprender a ser un observador diferente.

Entre las cualidades que un coach debe aportar a su trabajo está ser un profesional multifacético. De igual manera que el coaching participa de diferentes contenidos de otras disciplinas, el coach debe saber utilizar las diferentes herramientas que se ponen a su servicio, por eso el coach debe presentarse como un profesional polifacético con capacidad para motivar, potenciar y enriquecer el trabajo en equipo, capaz de generar confianza, ofrecer confidencialidad y respeto mutuo. En su trabajo, el coach investiga, busca pistas, explora bajo la capa más externa del coachee, haciendo aflorar aquellos elementos que permitan al coachee estar más cerca en su compromiso adquirido.

Las estrategias en los que se fundamenta el coaching son el aprendizaje y la responsabilidad, el incremento de las competencias propias generando una acción que nos permita salir de la zona de confort. El coach invita al movimiento, a la acción, de esa forma se genera la energía suficiente para modificar actitudes, pensamientos que nos instalan en una zona de confort, (falso confort diría yo), en la que ya lo tenemos todo realizado y no necesitamos esforzarnos. Pero el esfuerzo que realizamos al salir de nuestra zona de confort en la que está todo hecho genera experiencias, que producen aciertos y errores de los que aprendemos, en definitiva produce nuevo conocimiento.

viernes, octubre 11, 2013

EL HILO ROJO. LEYENDA JAPONESA


Un Hilo Rojo invisible conecta a aquellos que están
destinados a encontrarse, a pesar del tiempo, 
del lugar, a pesar de las circunstancias…
El hilo puede tensarse o enredarse, 
pero nunca podrá romperse…


Cuenta una antigua leyenda china que el Abuelo de la Luna 
ata un hilo rojo en la muñeca de cada niño que nace.
Ese hilo está atado a muchos hilos que, a su vez, 
sujetan las muñecas de todas las personas 
con las que ese niño está destinado a encontrarse…

A medida que el bebé crece, los hilos se van acortando, 
acercando cada vez más a aquellas personas 
que están destinadas a reunirse, a pesar del tiempo, 
del lugar o de las circunstancias.


El hilo puede tensarse o enredarse, pero nunca romperse…

La leyenda dice que las personas con las que estamos 
destinadas a encontrarnos en esta vida, 
van atadas a nosotros a través de un hilo rojo 
al dedo meñique, aunque éste, a simple vista, sea invisible… 

Somos nosotros los que, a lo largo de nuestro camino, 
vamos descubriendo todas las extensiones de ese hilo, 
que nos conducen hacia esas personas 
que forman parte importante de nuestra vida…

La historia surge cuando se descubre que la arteria lunar 
conecta con el corazón a través del dedo meñique. 



Al encontrarnos todos unidos por ésta arteria, 
se empezó a decir que los hilos rojos del destino 
unían los meñiques con los corazones, simbolizando 
el interés compartido y la unión de los sentimientos…

QUE TENGAN UN MARAVILLOSO FIN DE SEMANA... Y LA VERDAD SÓLO CONFÍEN EN SU HILO ROJO... SEA  LO QUE SEA QUE DEBAN ESPERAR.