PLACER, DOLOR, AMOR
Cada emoción ocurre como un polo del eje "placer-dolor". No hay emociones buenas o malas: cualquier emoción puede ser una oportunidad de crecimiento y cualquier emoción puede ser una fuente de sufrimiento. La felicidad y la efectividad en la vida no dependen tanto de la emoción concreta que se experimente, como de la capacidad que se tenga para elaborar esa emoción con inteligencia. La gente habla, sin embargo, de emociones buenas y malas. Es así porque los humanos, al igual que el resto de los seres vivos, tenemos un apego instintivo al placer y una aversión instintiva al dolor. Pero, como descubre todo pez enganchado en el anzuelo, el placer momentáneo de comerse la lombriz no lo conduce a su supervivencia.
De la misma forma, a veces las emociones más dulces pueden atrapar a la persona en los estados de ánimo negativos más terribles. Todas las emociones están basadas en alguna forma de amor, interés o valoración. El amor es la raíz principal de la que nacen el placer y el dolor. Si algo es insignificante para alguien, no producirá en él ninguna emoción; si algo es significativo para alguien, disparará en él una fuerte reacción emocional. El placer es siempre el placer de tener o conseguir algo amado o deseado; el dolor es siempre el dolor de no tener o perder lo que uno ama o desea. Lamentablemente, es imposible elegir qué emociones sentir y qué emociones reprimir. Las emociones vienen "en paquete". La opción que tenemos es elegir con qué intensidad está cada uno dispuesto a experimentar todas y cada una de las emociones.

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