martes, noviembre 01, 2011

Insomnio. (Microrrelato)

Como cada día sólo tenía cansancio y somnolencia cuando llegaba a su morada, encendía la televisión aunque fuera sólo para sentirse acompañado...buscó algo para comer en la cocina y se conformó con una lata de conservas y un trozo de pan.

Hacía tiempo que reinaba en su conciencia la idea de que cuando sintiera que la locura se apoderara de su mente y no pudiera más con ella, dejaría este mundo, pero hasta aquel momento no había tenido claras señales de ello, aún cuando muchas veces creyó haber visto sombras transitar por la habitación y luces que destellaban en el infinito a través de su ventana.

Aquella noche era especial. En la atmósfera reinaba el recuerdo de la última mujer a quien amó, una hembra que sin duda fue su peor perdición y la causante de sus desdichas, de su soledad, de su constante tristeza y de su desenfrenado desvelo... un puto amor desquiciado.

Tomó una copa y bebió de forma desmesurada, en minutos recorrió las innumerables situaciones de dolor que había vivido y que hoy sólo se manifestaban en  las grandes cicatrices de tantos desvelos, tantos gritos de auxilio, tantos momentos amargos como la hiel. Eran las 3 de la madrugada.


Sintió agotadas sus fuerzas y un frío interno recorrió cada célula de su cuerpo...alcanzó a pensar en ello cuando las notas del violín aparecieron en sus oídos...¿de dónde emergía tan acariciadora melodía?...


Rápidamente recorrió todas las dependencias, desesperado abrió las ventanas, pero no logró descifrar el origen de los sonidos que a cada instante resonaban de forma estruendosa en sus sienes... había llegado el momento, la locura se apoderaba de su cuerpo y no era más que una marioneta manipulada por su destino...

Siempre supo que la locura no sería su compañera... que ya había sufrido mucho y escuchar sonidos producidos por su mente lo colmaban de desesperación, así que entró en el dormitorio y desde el placard sacó el arma, la introdujo en su boca y sin esperar gatilló la única bala que recorrió su cerebro de extremo a extremo. La tibieza de su sangre baño su pecho y sus mejillas besaban el piso con lánguido pesar.


Nadie vio nada...nadie escuchó nada... Todos dormían a esa hora. Sólo un vecino que a esa hora aún estaba despierto, señaló en la investigación que lamentablemente no escuchó nada, puesto que a esa hora se encontraba ensimismado afinando su nuevo violín.





1 comentario:

  1. Es un relato terriblemente trágico. Algo inesperado. La verdad es que impresiona el final.
    Un saludo

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